martes, abril 18, 2006

Yo no opero en las sombras

Yo no opero en las sombras
no doy a cada uno lo suyo,
doy, a cada uno lo mío.
No robo del vino de mi amigo,
comparto con él hasta el bostezo.
Firmo cartas de amor
que luego abandono en los cajones
de lo inmenso.
Como inmenso es el sentir de ese amor
caprichoso.



Creo que si alguna vez fui otro,
no habré sido más que un hombre
que daba de beber a peregrinos.
No un príncipe, ni poeta, ni burgués gentilhombre.
Sino aquel, que simplemente,
daba de beber a peregrinos.
Creo que mientras tanto, esperaba,
soñaba con rever algunas leyes
del universo.
Tales como eliminar la discordia,
y tratar con más ternura
las cosas inmutables,
las piedras que no hablan.
Pero son mudos testigos.

Yo, no soy amigo de lo ajeno,
no busco más que otro
ni extraño más que otro
el necesario pan sobre la mesa.
Necesariamente pido lluvia,
de vez en cuando,
y por ahí, estío.

Para que nadie ande calzado
yo ando descalzo.
Y si alguno pasa, lo miro
nomás…, lo miro.
No entro en casas ajenas,
y respeto sumamente,
cuando alguien piensa
descabelladamente.


Yo no opero en las sombras,
tampoco me da miedo.
Si he de tropezar,
lo haré a la luz del día.
No querré quedarme
cuando parta.


Mientras tanto, mi contento
es dar consuelo a los que pasan.
Es dar de mí todo lo bueno,
porque nunca di a cada uno lo suyo,
siempre di a cada uno lo mío.

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