lunes, mayo 15, 2006

El sentido de la vida

Me he pasado la vida tratando de encontrarle a ésta un sentido. Tanto desde el punto de vista filosófico o metafísico, el por qué existimos, para qué existimos, a dónde vamos…He visto en esta vida, también, que estaba dotado de un talento. No se para qué sirve bien, pero lo uso, y con él vivo. Encontré qué Dios Es, por sobre todas las cosas, y que no me ha desamparado y que, siempre, ha escuchado mis oraciones. Me interrogué mil veces: ¿y si me desampara?, y me acordé de Job…; y supe que el desamparo puede llegar a la casa del Justo.
De un tiempo a esta parte, merced a una curiosidad innata que tengo y me acosa desde niño me puse a otear más allá del horizonte. Vi muchas cosas, y me dije: “no por no tener nada he de quedar desamparado; desamparado está aquel que no sabe nada de nada de nada, y yo se algo de todo”. Son verdades, luego las que contemplé en esa profunda mirada más allá, unas hermosas, la del Amor de Dios, que se pasea como en aquel vergel ideal del Edén como un viento que es el Espíritu; otras son tan indeseables de haberlas conocido, y por desgracia son, las más de las veces, las que acontecen. Qué Caín y Abel todavía son un paradigma. Que el primero sigue caminando la tierra. Vi que todos los días sale el sol, y que luego de un día se pone para dejar en libertad a la oscuridad, y a todas sus conductas desde el sueño hasta la más mala de las muertes. Noté, por otra parte, que el dinero y su posesión dominan casi todas las cosas relacionadas con la existencia. Tal como niños que juntan frutos, el hombre se la pasa siempre buscando dinero. En una búsqueda que es interminable. Más allá de lo básico, descubrí que el hombre se aburre luego de las cosas que adquirió con ese dinero, esencialmente, descubrí que ese dinero no puede comprar Amor, ni Talento, ni devolver la mirada del niño que se fue alguna vez.
Vi que es mejor dar que recibir. Se es potente dando, se es impotente recibiendo, sin dar nada a cambio. Mejor, me dije, doy algo de lo mío y recibo algo de los demás. Y supe que eso era el trabajo. Que lo otro era ser un mendigo.
Y vi que el trabajo transformó al hombre. Y vi que el hombre carece hoy de trabajo, y que el alma de la haraganería, ciertamente, cansa a todos a la hora de levantarse como dice Eclesiastés.
Vi que algunos imponen a otros cargas pesadas y se aprovechan, y que esas cargas ellos ni siquiera pueden llevar, como dijo hace más de 2000 años un galileo joven llamado Jesús, a quien crucificaron y pusieron una corona de espinas, aquellos que hoy son iguales, son los que nos gobiernan, y deciden por nosotros y que hipócritamente concurren los días patrios a la iglesia pero sólo miran un hombre clavado a un madero…
Vi que hay mucha música en el aire. Y que esto es hermoso. Que los ojos, miran muchas cosas hermosas y también feas. Que oímos poco y hablamos demasiado.
Pero también vi que cada uno de nosotros cree haber descubierto la verdad, y que de ese modo, se apabulla y discrimina al otro. Que la diversidad es fantástica y maravillosa, pero que existen demasiados hombres de un “solo libro”. Me dije: ¿así cómo vamos a aprender del budista, del agnóstico, del sordo, del mudo, y del ciego, sobre todo?
Y vi muchas otras cosas. Y callé…; me dije: “basta ya de mirar, por hoy”, y me retiré en silencio calle abajo a buscar el necesario pan sobre la mesa y el abrazar a mis hijos, sin decirles nada, total a ellos tocará ir descubriendo este Milagro denominado “Vida”; dejé de mirar porque vi mi propio final, pasar…
Al llegar a casa destapé un vino tempranillo y mientras lo disfrutaba en su copa, sentí que el corazón nunca miente…y de pronto sentí ese viento, como en aquel Jardín del Edén, no me avergoncé ya de mi desnudes y sonreí, porque mi Espíritu y mi Alma estaban en calma.-

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