sábado, septiembre 22, 2007

Reflexión sobre la esencia del ser y la condición humana

por Julio Miguel Panchuk

La esencia del ser, puede ser medida y puede ser pesada, puede ser atómicamente interpretada, pero, ¿Quién sopesará al Espíritu del hombre? Hoy somos miles de millones de seres humanos. Todo un gigantesco sistema de esclavitud y de producción para que un pequeño público viva en la abundancia, o por lo menos la dignidad –relativa como lo veremos- diaria de poder trabajar y llevar a su casa el pan digno.

Si me pongo a imaginar en todo eso, me imagino la máxima injusticia de la historia del género humano, o la constante injusticia sostenida desde su fundación, o la desgraciada materialmente y también afortunada espiritualmente forma de vivir desde el primer hombre?

Que se tilde de irresponsable a un hombre y a una mujer que forman una pareja o procrean por llenar todo el planeta de tanta gente es directamente un insulto al Creador, dado que Él es el que da la vida en el fondo de todo; o, por lo contrario, es una realidad tildar de irresponsable a dichos seres de sexo masculino y femenino que no pararán hasta llenar el mundo de gente?.

Al parecer, la verdad es aquí la más de las veces oscurecida por el sofismo, es que cada quien en el mundo vive “su” vida. La calidad de su vida es otra cosa. El Alma y el Espíritu no respeta ni se condiciona pues no fue creado en el ser para ello, clases sociales niveles ni calidades de vida. Ese niño que es arrastrado por la corriente de las impetuosas aguas del arroyo degenerado en río abrumador por efecto del temblor de la tierra, que ha vivido para el mundo unos escasos años, es exactamente lo mismo que aquel que ha vivido en su cómodo, confortable y extravagantemente lujoso departamento de uno de los penthouse de Manhattan y muere a los 70 y pico de años sin un dolor con una última y sutil expiración.


La vida no se mide en término de años. Ni tampoco aquí se aplica la idea de justicia como la conformó el hombre del Occidente desde Grecia, hay otras ideas de justicia en el Oriente las cuales están fundadas en la idea de resignación más que nada; los propios esquimales consideran justo que cuando llegue un viajero éste disfrute de su mujer y asilo, en otros lugares es propicio matar tribalmente para que Dios siga teniendo chivos expiatorios humanos. En el discurso de la historia de la humanidad, se advierten ideas de “justicia” que son disímiles, raras y que para una parte billonaria de personas en Occidente parecen – lo dije bien- injustas. Cuando el hombre se cree el eje del universo (si muero el universo muere conmigo, dice), es frustrante la existencia. Porque requiere demasiada atención a la posesión de cosas materiales. Todo gira en Occidente a través de una economía capitalista y por ende consumista. El sistema de producción es de masas explotadas que confeccionan toda la baratija sobre la cual a su turno gira la vida del hombre común; hasta tiene que crear pastillas para fornicar, cuando en el Asia esto es por propia naturaleza una forma de “pasar el día”. Aquí nos vemos por espejo, oscuramente, vivimos en sombras por eso necesitamos de muchos años de vida, de calidad de vida, de cosas para poder ser, en definitiva de la posesión del dinero a través de activos tangibles o no, aunque, en realidad el dinero sea el elemento de cambio que rige toda la masa poblacional del mundo, sean dólares americanos, euros, o monedas de países emergentes latinoamericanos, o tercer mundistas hundidos africanos, asiáticos, o lo que sea, el dinero domina todo esto.

Mas, retomando la idea de la justicia o injusticia, del fenómeno poblacional, de los fenómenos que sacuden la tierra (monzones, tsunamis, huracanes, terremotos, climas “ácidos” densidad poblacional etc.), insisto que todos, absolutamente todos estamos regidos por leyes universales inmutables, que nos fueron dadas por el Creador.

La sonrisa por ejemplo, es un don. La alegría aún en la forma más miserable de vida, es un ejemplo. La depresión y la idea nefasta y suicida son una realidad. El dolor es parte de la condición humana, pues si de algo se olvida el hombre, que él es primero y precisamente, arrojado a vivir doquiera que haya nacido y en qué condiciones, propietario de solo su propia condición humana.

Sino Jehová en la Biblia Judía, no habría dedicado un capítulo entero y vasto en explicarnos esto en Job. Es aquí donde denuncia la contradicción humana, ante la presencia del Ángel rebelde, Satanás, quien es advertido por Dios de que tiene en la tierra un siervo que lo ama y de forma tal que podría pasar todas las pruebas posibles, le dice el ángel demonio: “Quítale lo que tiene y ya no te amará”. No es preciso mencionar que no solo se le quitó todo, se le fue quitando que es mucho más doloroso, de a poco o en escenas de despojo, vida, haciendo, honra, sanitud, capacidad de soportar la enfermedad, denotando con ello dos extremos: el Bien y el Mal, pero, a qué costo? Al costo de la apuesta divina.

Pero Job entra en duda. Ante el dolor y su condición más que miserable a que fue arrojado entra en duda…; he aquí cuando Dios se da cuenta de qué es el hombre, y tiene Misericordia por lo que ha hecho con el pobre Job.

Este no es más que un planeta lleno de “Job”. Verlo desde ese punto de vista es lo único que nos deja la idea de lo que se es verdaderamente en la denominada “condición humana”.

La relativización de todo. La sonrisa dominante del niño sin brazos de Moravia un estado africano o Sierra Leona, a veces, diría en la mayoría de las veces salvo las excepciones claro está de los niños occidentales en países con un cierto nivel de desarrollo, supera ampliamente la del niño cibernauta, alimentado todos los días, íntegro físicamente, y que se da el lujo de concurrir a un shoping a gastar el dinero, e incluso – porque aquella realidad es impresentable ya - del otro que vende diarios en la madrugada los recoge, o de aquel que muere por accidente. Todo es condición humana, llamaríamos, acaso, dignidad humana a la vida del segundo? Podría ser, si éste no colapsara entre tanto lujo que contrasta con la vida del otro negrito sin piernas o brazos, mal alimentado o ya directamente desnutrido que sonríe en una fotografía publicada en el Times…

Occidente habla de dignidad humana, pero solo, como en todo el mundo, los más grandes guías espirituales de la humanidad nacieron en lugares pobres de esta tierra, unos pocos son quienes poseen ese concepto en sí, como ser para la vida, la dignidad humana es una auto imposición hasta cierto punto, Dios elige a quien y sus razones no pueden ser escrutadas; sus caminos son misteriosos. Desde aquel “heredarás la tierra” ante el conflicto de Abel y Caín, hasta hoy, no puede esperarse que haya dignidad en todos, que se sepa Caín mató a Abel, es esta su descendencia sus generaciones...; la única forma, que se sepa, de espiritualidad posible y escapar de esta cruel forma de vida que divide tanto a los hombres es amar a Dios, alabarlo todos los días de la vida, y darle gracias hasta por un pequeño matorral comestible o una cueva donde guarecerse. Juan el Bautista no residía siquiera en la ciudad, vivía como un ermitaño, odiaba esa vida mundana, es lógico, él era quien anunciaría la venida del Señor del Messiah, de Jesús para nosotros. El mismo Jesús nos da la visión de que la vida es “condición humana” y que la dignidad humana solo puede ser cuando se cumplen metas elevadas en la convivencia, como amar a tu enemigo y orar por el, por ejemplo, no perseguir las riquezas materiales, y vivir en comunidad justa y espiritualidad plena. El mensaje es el más positivo que pueda conocerse dentro de esta realidad de la condición humana que puede ser vencida por el poder del Amor.

Siempre a medida que el hombre menos tiene más estará junto a Dios, hasta en su perdición será el mejor acólito del demonio. Fundamentalismos, extremismos? Si, es la única forma de estar con Dios, porque el Creador está siempre, y dentro de lo cotidiano no es objeto de adoración en determinados tiempos, antes o después de la siesta, o del comercio, es minuto a minuto, reclama eso al decir el Messiah: “Vela, a cada rato minuto a minuto, porque como el ladrón en la noche, que acecha, no sabes cuándo vendrá por ti”. Se refiere a la vida terrenal para y en Dios, el objeto de dedicación total, a esto se le llama en la “escuela” occidental “fundamentalismo”, si, es fundamentalismo porque es fundamental.

Y todo lo fundamental es fatal, es necesario, es la exigencia máxima. Ahí no es el “dios del fin de semana” es el Dios de todos los minutos. De todos los segundos, es lo que tarda un misíl en llegar a una pobre aldea, o un proyectil de un fusíl de asalto en destrozarte la cabeza. Segundos…; la condición humana lidera toda la escena humana en el mundo, pero solo uno es quien decide vivir para y en Dios. Consagrarle su vida, tal como lo hacían a modo de chivos expiatorios concluídos en la entrega de Jesús a convertirse en el Cordero de Dios que cargó siendo expiatorio de todos los pecados del mundo. No se puede hablar de libertad siempre condicionada por las cosas del día, cotidianas, etc., el hombre no tiene más que una opción: condicionar la libertad personal siendo atado a Dios. Minuto a minuto, segundo a segundo. Lo que olvida quien me critique, es que la retribución divina a esto es el estado de plena espiritualidad, de aceptación, de amor verdadero, de quietud y paz interior, de resignación. Un ejemplo de una persona que ha escogido ello es la Madre Teresa de Calcuta. El ejemplo en Oriente es Buda quien comprendió que el dejar de hacer para meditar a Dios ocasiona estar en el “nirvana”…

O acaso el hombre no nació y nace todos los días para otro plan divino que no sea ese? Ahí está la diferencia.-

No hay comentarios.: